Cuando la vida se pone patas arriba: reflexiones sobre el último viaje

Tengo una amiga de esas que llegan a tu vida para ponértela patas arriba. Entiéndeme, en el buen sentido. Es ese tipo de personas que no encajan en el molde de las modas ni en lo políticamente correcto. Esas que te sorprenden de repente con una lectura tan clara y precisa de tu intimidad que hasta da miedo. Personas con una inteligencia magistral, proporcional a su rebeldía infinita… pero bueno, esa es otra historia.

Pues esta amiga, después de pasar una de esas mañanas que tanto disfrutamos juntas, me cuenta que, en la otra esquina del mundo, tiene otra amiga que está acompañando en los últimos días a su madre. Me confiesa que ha aprendido a amar la tecnología en estos casos, y que es en situaciones así cuando se alegra de vivir en un mundo globalizado y súper conectado.

La cuestión es que me enseña un vídeo precioso que le envió a su amiga con ánimo de consolar a la madre moribunda, con una canción y unas imágenes que mueven por dentro. Antes de compartirlo conmigo, me dice que si se me ocurre algo para seguir aliviando ese dolor, no dude en compartirlo.

Mientras lo veo, pienso qué podría hacer yo, y si como coach, qué puedo sacar de mi chistera, como si fuera maga, para que sirva como antídoto al dolor… y no puedo dejar de preguntarme: si yo estuviera en esa situación, ¿Qué me gustaría recibir en esas últimas horas de vida?

Intento ponerme en su lugar, en eso que llaman empatía, y me visualizo: quizá encontrándome mal, con mareos, ganas de vomitar, dolores intensos… Así me sentí yo en dos de mis partos, que terminaron en cesárea. El tercero también fue cesárea, aunque programada, y ahí no hubo dolor… pero bueno, eso también es otra historia, aunque pasar por ese gran dolor me sirvió para ponerme en su lugar.

Pues lo dicho, me imagino yo, como moribunda, mirando ese vídeo que al principio me parecía hecho para ángeles, pensando que poco o nada mejoraría mi ánimo… Porque en esos momentos sabes que se te va la vida, y detrás de esos bellos intentos inocentes de consolarte, nadie se puede poner realmente en tu lugar. Pienso que lo que pasaría por mi cabeza sería quizá preguntarme cuánto durará la agonía, y si este sufrimiento es más una maldición que una penitencia.

Creo que me calmaría recordar momentos elevados de conciencia, quizá eso a lo que llaman felicidad: el nacimiento de mis hijos, el amor a mis padres, hermanos, parejas y el agradecimiento por las muchas personas bonitas que se cruzaron en mi camino y enriquecieron mi vida, esos hermanos que la vida con su sabiduría infinita te da. Pensaría en cuántos atardeceres pasé sintiendo el corazón ensancharse y cuántas mañanas de domingo tuve a la semana.

Y también pensaría en esos muchos virajes, esos momentos en mi vida que fueron muy oscuros, que dolieron, que me hicieron temblar por dentro: divorcios, separaciones, y todo eso que me hubiera gustado pero no pudo ser.

Intentaría hacer balance para saber si estoy en los debe o en los haberes, jeje, si el balance está a mi favor o no, positivo o negativo.

Si hoy fuese el día que mis ojos se cerraran para no abrirse más, creo que lo que más me consolaría sería saber que viví la vida que siempre quise vivir, que luché por mis sueños, que viví con sentido. Y eso no significa haber vivido de forma fácil o cómoda, ni dejarme llevar por las circunstancias, por lo que se espera de mí o por tantos “deberías”.

Me gustaría sentir que esa piel que se muere es la misma que disfrutó de la chispa de la vida, del gusto de haber estado viva y no solo sobreviviendo.

Y esto no tiene nada que ver con el dinero. Todos conocemos a muchas personas con vidas “en teoría” maravillosas y sin necesidades financieras que, sin embargo, no encuentran sentido a su existencia. También conocemos a personas sin dinero a las que les pasa lo mismo… jejej. Este tema también es otra historia…

Hoy creo firmemente que haber vivido con propósito tiene que ser el mejor sedante antes de morir. Seguro que la oxitocina que se genera alivia ese dolor físico que en muchas ocasiones nos acompaña antes de que nuestra luz se extinga.

¿Y tú, qué opinas?

  • ¿Qué es lo que todavía no te has atrevido a hacer aunque te encantaría?
  • ¿Qué excusas te estás poniendo?
  • ¿Cómo te sentirías con todos tus anhelos cumplidos?
  • ¿A qué conclusión llegas?

¿Te animas a vivir con propósito?

Y si hoy es el día en el que soltaras las excusas, si hicieras esa lista de esos sueños o deseos que has dejado en pausa y eligieras uno para dar un primer paso. Y si te atrevieras a dar ese pequeño paso?

¿Quieres que te acompañe en ese camino? Contáctame y hablamos.

👉
Reserva por WhatsApp

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio