¿Por qué necesitas conocerte?
CDH Coaching Individual – Volver a ti es el primer paso para avanzar

Conocerme me ha servido para saber enfrentar el mundo. Antes, ese mundo me dolía. No sabía encajar el movimiento de la vida. Quería parar la máquina, controlarlo todo, hacer justicia, y me resistía cuando no veía lo que quería ver. Conocerme me dio la claridad de darme cuenta de que lo que yo perseguía era una mentira, una falacia, un sueño infantil que se fue gestando desde mi más tierna edad. Se construyó a través de la publicidad edulcorada y de los finales felices de tantas películas de sobremesa. Sin darme cuenta, me encontré exigiéndole a la vida el respeto que esta no me mostraba. La vida no me daba lo que yo esperaba. Yo esperaba finales felices, príncipes azules, promesas cumplidas…
Lo que no me daba cuenta era de que estaba poniendo mi felicidad en manos ajenas, en los demás. Mi felicidad dependía de lo que yo necesitaba ver en ellos. Y claro, me convertí en un títere, en una pluma movida por los caprichos de l@s otr@s. No sabía entonces que yo tenía un gran poder. El poder de saber elegir qué quiero hacer con lo que hay ahí fuera, con las situaciones, con los demás y, por supuesto, conmigo. Vivía acomodada en agradar para ser aceptada, para caer bien, y cualquiera sabe por qué más estúpidas razones…
Un día me di cuenta de que vivía entre enfadada y desilusionada. En teoría, lo tenía todo, pero yo sentía que no tenía nada. Y era verdad: no tenía mi libertad, porque se la había entregado a los demás sin darme cuenta. Vivía la vida que «tocaba»: la vida de mis amigas, la vida de lo que vulgarmente se llama «normal». Mientras tanto, yo me sentía cada vez más confundida. No me cerraba el círculo, a pesar de estar rodeada de normalidades… Normalidades que a mí me pesaban como losas invisibles. Amaba a mis seres queridos, mis hij@s, mi pareja. No sabía qué me estaba ocurriendo. Quizá era demasiado exigente con el mundo, o simplemente una soñadora.
Cuando pensaba en mi vida ideal, enseguida me asaltaban sentimientos de culpabilidad solo por planteármelo. ¿Quién me había creído yo? Vaya flipada estás hecha… Ahora vivo en esta vida, y no te diré que ha sido fácil, pero me siento viva. No lo hubiese conseguido sin recorrer ese camino de autoconocimiento, que hoy en día suena tan a «hierbas». Descubrí lo que para mí es importante. Observé qué partes de mí estaba abandonando, y entendí que ese abandono era un olvido de mi parte más auténtica, esa parte primitiva que nace con su sentido de vida. Esa parte estaba tan dentro de mí, tan escondida que ni sospechaba que existía. Que no pudiese verla no significaba que no pudiera sentir la punzada de vivir ignorándola. Es la forma en la que la vida te da señales… esa incomodidad sin razón. Mientras tanto, continué recorriendo mi camino y pude saber cuáles son mis valores, y conocerlos me enseñó a poder ver que eso a lo que yo daba importancia también me definía, aunque no me diera cuenta. Y aprendí que, a través de ellos, tomamos las decisiones más importantes de nuestra vida.
También descubrí talentos que negaba reconocerme. Como esto que estoy haciendo ahora: escribir. Es tanta la grandeza que siento al hacerlo, que ya no lo dejaré nunca. Y fue en esos descubrimientos donde se esfumó gran parte de mi desazón. Todo venía de ahí: nunca me reconocí del todo… hasta que decidí apostar por mí. Y aquí estoy, haciendo lo que me conecta conmigo y con el mundo. El mundo sigue siendo el mismo, pero ahora lo puedo ver con otros ojos. Con otra suavidad. Con otra ternura. Ahora, desde mi experiencia, puedo afirmar que el mundo se ve de una manera u otra dependiendo del nivel de conocimiento que tengamos de nosotr@s mism@s. Es directamente proporcional a lo despiert@ o dormid@ que estés. Puedo afirmar que conocerte es una urgencia del alma. Porque si no te conoces, puedes acabar viviendo en modo piloto automático, apagando fuegos, complaciendo a todo el mundo, pero desconectad@ de ti.
Siempre digo que no somos tan originales. La mayoría de las personas llegan a sesión sintiendo lo mismo que yo sentí: que algo no encaja. Que por fuera todo está más o menos bien, pero por dentro hay ruido. Falta de sentido, ansiedad, vacío, exigencia constante. Y muchas veces, no saben por qué. Y todo pasa por conocernos mejor. Saber qué te conecta con el mundo y qué te desconecta. El autoconocimiento te ayuda a tomar decisiones más alineadas, a poner límites con más firmeza, a elegir desde el deseo genuino y no desde la obligación. Te conecta con tus valores, con tu historia, con tu esencia. Y cuando sabes quién eres, dejas de vivir en función de las expectativas ajenas. Dejas de correr sin saber hacia dónde. Y es entonces cuando te das cuenta de que no se trata de convertirte en alguien distinto, sino de soltar lo que no eres: esa versión complaciente, esa voz crítica heredada, ese personaje que finge estar bien todo el tiempo. Se trata de volver a tu creatividad, a tu espontaneidad, a tu deseo de vivir con plenitud. De reencontrarte contigo, reconociéndote de nuevo con otro filtro. El filtro de tu fuerza tranquila, de tu capacidad de decidir, de tu libertad interior.
Y no, no es un camino inmediato. El autoconocimiento no sucede en una sola sesión ni leyendo un par de docenas de libros inspiradores. Es un proceso. A veces fácil, otras veces retador. A veces caminas con seguridad, otras con mucho miedo. Pero cada paso cuenta. Cada «me doy cuenta», cada «esto ya no lo quiero», cada nuevo permiso, te acerca más a vivir con intención de cuidarte para no traicionarte. Porque no vinimos a esta vida a vivir disfrazad@s y encorsetad@s en una vida que te aprieta, que se quedó pequeña…
Conocerte te permite, además, ser más amable contigo mism@. Comprender tus porqués. Dejar de exigirte tanto y empezar a cuidarte con más ternura. A permitirte y a consentirte sin culpa. Y desde ahí, todo empieza a cambiar. Te reconoces escuchándote de verdad, y es entonces cuando ya no quieres volver a vivir en silencio. Le pones voz a ese lío que vivía dentro de ti para sentir, poco a poco y paso a paso, el orden y la alegría de vivir una vida con sentido. ¡Con tu sentido!
Si esto que lees te resuena, te puedo acompañar a transitar este camino de mirar hacia dentro sin máscaras. A descubrir tus emociones, entender tus reacciones, reconocer tus heridas. No para quedarte ahí, sino para transformar lo que ya no te sirve.
Hazte una pregunta sincera:
¿Hace cuánto no te escuchas de verdad?
Te animo a agendar una primera sesión de coaching individual. Sin juicios, sin exigencias. Solo tú, volviendo a ti.